Convivencia en El Escorial

Doscientos alumnos y un motivo

Seguro que hay doscientas historias que contar del día de octubre en que nos desplazamos a El Escorial con la triple intención de aprender algo más de nuestra historia, conocernos mejor y, por encima de todo, compartir unas horas para empezar a trabar esas relaciones que son parte del tesoro que el alumno de Primero de Bachillerato se lleva al acabar este curso.

Doscientos alumnos, aproximadamente, escucharon con atención, en el patio de la Herrería, las explicaciones que Andrea Gomes dio sobre la razón de los motivos que llevaron a erigir el monumento que tenían delante de sus ojos.

Todos ellos, acompañados de sus profesores y tutores se pusieron después en marcha hacia la Silla de Felipe II, punto de referencia, eje desde el cual contemplar la obra con una perspectiva superior. Desde allí el Padre Javier La Rosa tuvo unas emotivas palabras para recordar cómo tantas veces imaginó en su infancia peruana cuál sería el aspecto y la situación del hombre que gobernó y lideró la evangelización de las tierras transoceánicas. Poder evocar la posición de aquel hombre fue posible desde la altura del roquedo.

Al bajar de la Silla y junto a la Ermita de la Virgen de Gracia establecimos el “campamento” dónde almorzar y disfrutar de algún partidillo o de los sencillos placeres de la conversación y el paseo en grupo.

Acabado el día estaba claro que aunque hubiera doscientas historias, se había creado un gran motivo: convivir para entender mejor la realidad

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